Realmente, debemos tomar conciencia de la importancia del uso pedagógico de los materiales multimedia. Constantemente evolucionan las herramientas de edición de contenidos, así como las plataformas donde éstos se publican. Por otro lado, las personas usuarias disponen de una enorme variedad de canales y dispositivos para su visualización. El software incorpora cada vez más opciones de enriquecimiento de la información. ¿Todo ventajas? Evidentemente no. No hay que olvidar que el principal objetivo de nuestros contenidos didácticos es el de transmitir con claridad los conceptos.

Por otro lado,  no debemos olvidar que estamos en el ámbito de la teleformación y nos enfrentamos a un enemigo muy persistente: la desmotivación. Para combatirlo debemos aplicar diversas estrategias, pero con mesura y buen criterio pedagógico. Se suele caer en el error de sobrecargar de material gráfico o multimedia los contenidos. Incluso, en mi opinión, se abusa de los enlaces a distintas webs para profundizar conocimientos.

Básicamente se reduce a encontrar un equilibrio estético y funcional.

La utilidad pedagógica de los recursos multimedia debe estar sujeta a una serie de criterios claros o corremos el riesgo de dispersar al alumnado, enturbiar su aprendizaje, sobrecargar nuestros contenidos e invertir tiempo de forma infructuosa.

  • Aportación al aprendizaje: el recurso debe facilitar significativamente el aprendizaje del alumnado y estar fuertemente relacionado con el tema del que se trate. Por ejemplo, debemos evitar incluir videos o audios donde el material didáctico ya está suficientemente claro y completo, simplemente por la intención de darle más vistosidad. Si añade conocimientos o ayuda a profundizar en ellos, sí puede ser conveniente emplearlos.
  • Accesibilidad: el alumnado o personal docente que vaya a utilizar los recursos multimedia deben tener las habilidades y medios técnicos necesarios para ello. Por ejemplo, de nada sirve utilizar un entorno de realidad virtual como Second Life si nuestro alumnado no dispone de equipos informáticos de gran calidad gráfica, Internet estable o conocimientos de informática a nivel de usuario. Asimismo, debemos tener en cuenta al alumnado con necesidades especiales.
  • Implicación del alumnado: los materiales no deben ceñirse a un alumnado pasivo, con el único papel de receptores de contenidos. Un material multimedia debe ser, en lo posible, interactivo e implicar al alumnado en su utilización y provecho para su aprendizaje.
  • Modularidad y reusabilidad:estos conceptos implican una mentalidad práctica cuando diseñamos materiales multimedia. Debemos procurar que los contenidos puedan ser divididos en unidades con la suficiente entidad como para ser reutilizados en otras circunstancias, junto a otros materiales, acción formativa, alumnado distintos.Esto nos permitirá ahorrar tiempo en el diseño de los materiales y reutilizarlos.