Me topo, de nuevo, con esa brillante idea que son los Edcamp, pero… me surge una cuestión muy de peso: ¿realmente tenemos, como docentes, una actitud positiva ante el aprendizaje colaborativo junto a otros colegas?

Primero veamos qué son los Edcamp: consisten en sesiones,a modo de jornadas colaborativas, en las que participa cualquier docente que tenga interés en algunos de los temas planteados, o que desee dar a conocer algo sobre ellos. Son una forma de aprender y crecer como docentes, compatiendo vivencias y dudas, enriqueciendo nuestras estrategias educativas con las de los demás participantes.

El proyecto está liderado por la Edcamp Foundation (www.edcamp.org), que ofrece soporte online a quienes quieran organizar un Edcamp en su zona geográfica o participar en él. Por supuesto, todo es de forma gratuita. No hay ánimo de lucro. Como mucho, el dinero que se mueve sería para pagar cafés o comidas, en el caso de los Edcamp presenciales, o un hosting para la insfraestructura online.

La Edcamp Foundation no es la única plataforma que promueve este tipo de actividades. En estos últimos tiempos está emergiendo con fuerza, por ejemplo, Meetups. Aunque su ámbito es muy general, su filosofía es la misma y se puede utilizar para este tipo de actividades colaborativas.

He oído/leído algunos comentarios despectivos sobre este tipo de actividades: “reuniones Thermomix de docentes”, “grupo de autoayuda para profesores amargados”, “secta con demasiados pájaros en la cabeza”…. Más que describir una realidad, reflejan una mentalidad carcomida por el egoísmo en la práctica docente. Como mínimo, deberían ilustrarse y, luego, opinar sobre su productividad y viabilidad en el proceso de innovación pedagógica que todo docente debería emprender a lo largo de su vida profesional.

Caigo en la idea de que, por lo general, el personal docente de este país ha sido a lo largo de su vida un alumnado poco llevado por el camino del trabajo colaborativo. Y cuando escribo “trabajo colaborativo” no hago referencia al típico trabajo en equipo consistente en que solo trabajen uno o dos de entre los cinco que forman el grupo.

Trabajo colaborativo es compartir fuentes,distribuirse la carga de trabajo, investigar de forma individual pero siempre dentro de una línea y una orientación común, debatir, plantear propuestas y mejoras (críticas) de forma educada, razonable y positiva, así como aceptar dichas propuestas o, como mínimo, saber rebatirlas de manera igualmente educada y razonable. Todo ello con el objetivo de enriquecerse y llevar el proyecto a buen fin.

Y no, no… Vamos a darnos una vuelta por seminarios de instituto, departamentos universitarios, claustros, etc., y comprobaremos que no es la tónica general.

Por eso, hay iniciativas como los Edcamps que, pareciendo interesantes, estimulantes y productivas, uno corre el riesgo de volverse pesimista cuando piensa en alguna manera de promoverlas en estos lares.

Yo, por mi parte, no tiro la toalla. ¿Y tú?